miércoles, 7 de septiembre de 2016

¡Qué nada me proteja de ti!

Sinceramente quiero ser tu esclavo; quiero que tu poder sobre mí esté consagrado por la ley, que mi vida esté entre tus manos, que nada me proteja o me defienda contra ti.
¡Qué placer cuando sepa que dependo de tu capricho, de tu gesto, de tus gustos!
¡Qué delicia, si alguna vez permites al esclavo besar los labios de los que depende su decreto de vida o de muerte!
Leopold Von Sacher-Masoch

2 comentarios:

  1. Me fascina esa capacidad del sumiso de dejarse llevar por la fuerza de su amo (sin que ello sea un signo de debilidad) al igual que la capacidad del amo. He conocido el amor verdadero y aunque lo viví muy intensamente no llegué a ese punto de dejarme llevar. Os envidio pero estas cosas pasan, como dicen los británicos, "once in a blue moon".

    Besos.

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  2. Creo que muchas veces la fascinación llega de a poco y por fin se instala casi sin darse cuenta. Más raro ha de resultar el flechazo y la entrega casi simultáneas. Pero de que esto último existe doy fe y testimonio.
    Besos
    ayax{SG}

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