sábado, 3 de septiembre de 2016

El elogio del látigo


La mortificación del cuerpo, cubierto o desnudo siempre ha implicado un acto ritual de castigo, devoción, libertinaje e incluso, en alguna época llegó a ser una medida terapéutica para devolver la razón.
Este escenario de dolor voluntario y dosificado ha ejercido sobre algunos el irresistible torrente de la excitación previa a la consumación de un placer prohibido y, en otros casos, ha conducido a hombres y mujeres al arrobamiento extático de la santidad.
Nikaus Largier

2 comentarios:

  1. Me has recordado a las bodas vikingas, que las dos partes se cortaban las manos y las juntaban para simbolizar la unión del linaje y ponían las manos sobre una hoguera mientras pronunciaban los votos como símbolo de la fuerza de su amor.

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  2. No conocía esa costumbre; pero mira, esas prácticas que nos parecen extremas están conectadas con los sentimientos primarios.
    Lo bien que nos hace pisar descalzos la tierra, escuchar el silencio en el desierto, o los sonidos del bosque y la selva lejos de las ciudades. Acariarnos desnudos, permitirnos ser tiernos y violentos, recordar de donde venimos y que somos en esencia, estoy seguro que nos beneficia.
    Un abrazo

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