sábado, 9 de julio de 2016

A su merced

Un príncipe chino, muy aficionado a los jóvenes, encontró un medio para tenerlos a su merced.
Cuando un visitante llegaba inesperadamen­te, el anfitrión lo conducía al lugar de honor y hacía que se sentara junto al instrumento sobre el que ya estaba dispuesta la ritual taza de té, que debía coger con ambas manos.
¿Quién hu­biera sospechado una traición?
El visitante, sin embargo, al levantar la taza accionaba un meca­nismo oculto.
Súbitamente, con la rapidez del rayo, surgían unas esposas de acero que aprisio­naban las muñecas del desdichado, el cual que­daba completamente indefenso y a merced de la voluntad de su anfitrión.
Georges Soulié de Morant fragmento de Bijou de Ceinture

1 comentario:

  1. Nada más excitante que un ritual,y nada más refinado y elegante que sucumbir como esclavo a él.
    Eso digo yo: ¿Quién hu­biera sospechado una traición?

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