jueves, 23 de junio de 2016

Y yo que estaba muerto de sed...

... De pronto la punta babeante del sexo del Amo me roza la nariz.
Como un reflejo abro los labios y saco la lengua;  y yo que estaba muerto de sed, no se como, segrego tanta saliva que se me llena la boca.
La verga entra profundamente y se aloja en mi garganta.
Me sorprende no ahogarme, me sorprende no sentir nauseas, a pesar de que la penetración es muy honda y prolongada.
Los músculos de la garganta laten apretando y soltando al verga del Señor, pero consigo seguir respirando.
El gime y siento que su cuerpo se estremece; se retira y dejando solo el glande sobre mi lengua, controla su placer, su orgasmo, su eyaculación.
Porque me da de beber de a pequeños sorbos.
ayax{SG}

1 comentario:

  1. Bendita sed que en lugar de aplacarse, se acrecienta con el deseo de servir al Amo. Qué dulce muerte la de apagarse con esos placenteros sorbos de agonía.
    Sublime, como siempre.
    Besos.

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