sábado, 21 de mayo de 2016

Seth

Los feroces aullidos de batalla anuncian a los ejércitos del Mal.
Y acaudillándolos apareció Seth, hermoso y bravo como un toro.
Ofrecía, como en otras ocasiones, el imponente aspecto de un atleta de las tinieblas.
Diríase desnudo si no fuese por el arnés de cuero negro que le cruzaba el pecho y un suspensorio metálico que sostenía los famosos genitales.
Y Jonet se admiró como siempre que los recordaba.
Ante aquella visión, y más ante el efecto que le producía, sintiose desfallecer pues comprendió que estaba destinado a ser su esclavo.
Porque era cierto lo que dijo un día: el Mal estaba muy bueno.
Todo su ser estaba caliente por múltiples estímulos y ninguno satisfecho.
Por unos breves instantes le asaltaba una forma de deseo más pavoroso que el miedo al infinito.
Y Seth, aprovechando aquel instante de vacilación, se dispuso a agarrarlo para llevárselo al más oscuro de sus desiertos.
Terenci Moix fragmento de El arpista ciego

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