sábado, 13 de febrero de 2016

Incesto

Las primeras instituciones favorecen el incesto; lo encontramos en el origen de las sociedades; está consagrado por todas las religiones; todas las leyes lo han favorecido.
Si recorremos el universo, encontraremos el incesto establecido por doquier.
¿No es, os pregunto, abominable prejuicio considerar crimen el hecho de que un hombre estime en más para su goce el objeto al que el sentimiento de la naturaleza más le acerca?
Equivaldría a decir que nos está prohibido amar demasiado a los individuos que la naturaleza más nos ordena que amemos, y que cuantas más inclinaciones nos hace sentir hacia un objeto, tanto más nos ordena al mismo tiempo que nos alejemos de él.
Estas contradicciones son absurdas: sólo pueblos embrutecidos por la superstición pueden creerlas o adoptarlas.
Mas la sodomía, ese presunto crimen que atrajo el fuego del cielo sobre las ciudades entregadas a él, ¿no es un extravío monstruoso cuyo castigo nunca podría ser demasiado fuerte?
Es sin duda muy doloroso para nosotros tener que reprochar a nuestros antepasados los asesinatos judiciales que osaron permitirse en este tema.
Marqués de Sade

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