sábado, 2 de enero de 2016

Hasta entonces me oculto, donde a prueba me pones

Señor de mi pasión, al cual en vasallaje, tu mérito ha enlazado, mi fuerte lealtad.
A ti, como embajada, te mando mi mensaje, en prueba de mi amor, no de mi inteligencia.
Devoción tan inmensa, que mi ingenio tan pobre, parecerá desnudo, por falta de palabras,
mas espero que tengas, algún buen pensamiento y desnudo en tu alma, cubras mi desnudez.
Hasta que alguna estrella, guíe mis movimientos y apacible me marque, con un aspecto dulce,
vistiendo engalanado a mi amor harapiento, por ser merecedor de tu dulce respeto.
Podré entonces jactarme, de cuanto más te amo.
Hasta entonces me oculto, donde a prueba me pones.
William Shakespeare

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